La Herida de Identidad

 

En la entrada anterior y después de analizar someramente las distintas instancias sobre las cuales habitualmente nos definimos a nosotros mismos concluíamos que, en general,  no sabemos quiénes somos, y  llamamos Herida de Identidad a esta confusión acerca de nuestra verdadera naturaleza. En esta entrada vamos a analizar en mayor profundidad esta modalidad de herida interior, sus orígenes, sus costos, y a enunciar brevemente las formas de sanarla.

Defino Herida de Identidad al olvido, ignorancia o total confusión acerca de nuestra verdadera naturaleza interior. Ésta consiste, sencillamente, en viajar por la vida identificándonos con cualquiera de los falsos yoes que intentan y usualmente consiguen usurpar el gobierno del Ser: el cuerpo, la mente, la emoción, el ego, las máscaras, la personalidad, el pasado, las viejas heridas, las pertenencias, los logros materiales o profesionales, etc.

En entradas anteriores hemos insistido en que no podemos destruir nuestro Ser Esencial pero sí podemos ignorarlo. Este olvido, ignorancia o total confusión acerca de nuestra verdadera naturaleza espiritual es lo que constituye la Herida de Identidad.

¿Por qué es una Herida?

Desde el punto de vista corporal una herida es la pérdida de integridad de los tejidos producto de una lesión física, y la consecuente disminución en la funcionalidad de nuestro cuerpo. Desde el punto de vista interior, una herida puede también definirse como la pérdida de fluidez y del normal funcionamiento de una persona, producto de una lesión o daño de cualquier naturaleza.

De la misma forma en que una herida física nos produce dolor y afecta la funcionalidad del órgano herido y en muchos casos del cuerpo como un todo, las heridas interiores también nos producen dolor y afectan la totalidad de nuestro desenvolvimiento como seres humanos: las heridas nos bloquean, nos limitan, nos disminuyen y un sinfín de efectos que veremos más adelante en este artículo.

 

El Origen de la Herida de Identidad

La herida de identidad nace de la programación recibida. Ya hablamos extensivamente de ello en dos entradas recientes (Ver Condición Humana y Programación-Primera y Segunda Parte). Recordemos que “la forma como esta programación llegó a nosotros fue a través de la convivencia y en particular del proceso educativo formal e informal al que fuimos sometidos. Al avanzar en nuestro crecimiento fuimos adquiriendo nociones acerca de qué es el ser  humano, qué es lo importante en la vida, qué es el sexo, qué es el dinero, qué es todo… Y también, cómo debemos actuar en cada circunstancia de nuestras vidas, cómo se relacionan los hombres y las mujeres, cómo debemos  comportarnos socialmente, etc.  Pero adicionalmente los para qué, los por qué, y toda suerte de referentes importantes en la vida de los seres humanos”.

Costos de la Herida de Identidad

Si bien estar perfectamente adaptados a los mandatos del modelo social trae por supuesto muchos beneficios en términos de los objetivos que el modelo persigue, es indudable que desde el punto de vista del ser, del alma, del propósito personal de vida, de las relaciones humanas profundas, de la paz y la convivencia pacíficas y armoniosas entre las personas y los pueblos, por citar sólo unos pocos, las consecuencias de esta adaptación son obviamente bastante diferentes. Recordemos que la programación instaló en nosotros la herida de identidad y con ello debilitó nuestro poder interior necesario para afrontar la vida. Esta herida entonces nos hizo moldeables, susceptibles, temerosos, defensivos, prevenidos.

La herida de identidad constituye la más grave de todas las enfermedades y heridas del ser humano. No sólo es la causa de buena parte de nuestra enfermedad física, confusión mental, sufrimiento emocional y estancamiento existencial, sino el terreno fértil para todas las demás enfermedades, heridas y sufrimientos que otras personas o nosotros mismos podamos infringirnos y, también, de todo el daño que podamos causar a otros. Desde un punto de vista social, es la causa de toda inequidad, injusticia, crueldad, abusos y toda suerte de conductas violentas contra los demás.

Veamos pues algunos de los extremadamente altos costos que produce la herida de identidad:

Vulnerabilidad

El costo más alto que pagamos por la herida de identidad es el debilitamiento de nuestro propio poder. A partir del momento en que esta herida se configura somos presas fáciles de la moda, del consumo, de los imperativos culturales dominantes, de los modelos de vida prestados, en suma, del no-ser. En compensación, el sistema nos ofrece la distracción como anestesia para evitar el dolor de no ser.  Deseo que el lector note el uso de la palabra anestesia en este contexto. Como en el campo médico la anestesia no evita el dolor sino su percepción. Igual sucede con nuestra propia programación.

Así pues, es el debilitamiento de nuestro propio poder el efecto más nocivo de la herida de identidad. Pero no es el único, como veremos a continuación.

Instalar el Miedo como Compañero de Viaje

Sólo hay dos actitudes básicas en la vida: abrirse o cerrarse, y de ellas se desprenden todas las demás. Abrirse es confiar, entregarse, darse, exponerse, manifestarse, arriesgarse, integrarse, pertenecer, amar, sentir, ser, y miles más en esta dirección. Cerrarse es protegerse, resguardarse, enmascararse, aislarse, excluirse, anestesiarse, temer, no ser, y también miles más en esta dirección.

Sabemos que producto de la herida de identidad quedamos vulnerables. Como no podemos abrirnos a exponer y manifestar nuestro ser entonces debemos cerrarnos, escondernos, protegernos. De esta forma el miedo se  convierte en el compañero permanente de viaje y en la más frecuente y destructiva de todas las emociones humanas.

Reactividad y Defensividad

Como el miedo a ser ya está instalado nuestras conductas básicas se llenan de defensividad y de reactividad en la protección de nuestros territorios.  El alma es más sosegada y se toma más tiempo para responder, pero las capas exteriores de nuestras corazas son expertas en reaccionar y en defenderse. Con mucha frecuencia, además, la reactividad y la defensividad conducen a la agresividad que hoy en día es una constante en las diferentes estructuras sociales de nuestro mundo.

Asumir una Falsa Identidad

Como no sabemos quiénes somos asumimos muchos rostros: el cuerpo, la mente, la emoción, la personalidad, el ego, las máscaras o, en muchos casos, una identidad genérica, un comodín, ser masa, la identidad social y cultural de nuestro  entorno. Pero nosotros no somos eso. Así que en el largo plazo estas falsas identidades comienzan a consumir buena parte de nuestra energía vital, a fastidiarnos, a hacernos sentir incómodos como en un vestido ajeno, como un extranjero en un país que no lo acoge y al que no puede acomodarse. Es, en suma, una suerte de sentimiento de exilio, de exilio de ser.

El Peso del Blindaje

Ante la necesidad de protegernos y blindarnos entonces construimos pesadas corazas y armaduras. Pero resulta que este blindaje pesa y por lo tanto dificulta  el avance, el crecimiento y el desarrollo que tenemos tatuados como mandatos en el alma. El camino se hace entonces más tortuoso y empinado.

Volvernos Influenciables

Al no estar en contacto con nuestra unicidad ni con el propósito de nuestra propia alma, poco a poco nos vamos convirtiendo en personas influenciables por la cultura, manipulables, obedientes. El sistema rechaza la singularidad porque le es difícil o imposible manejarla, y en cambio desea y promueve la indiferenciación, la masa, el pensamiento unificado y el sentimiento homologado.

Pérdida de la Frescura, la Espontaneidad, la Alegría

Con la asunción de una identidad falsa llega la pérdida de la alegría, de la frescura, de la espontaneidad que son atributos del ser. Podemos distraernos y entretenernos –el sistema nos provee muchas oportunidades para ello- pero la alegría y el gozo están reservados a los que se conectan con su propia alma. Por ello, nuestros  actos empiezan a ser de alguna forma calculados, prevenidos, miedosos.

El Sentimiento de Vacío

Como estamos desconectados de nuestra alma también lo estamos de nuestra sed, de nuestro propósito, de nuestro hacer fundamental, de nuestros sueños y pasiones. Entonces llenamos todo esto con los contenidos del modelo y aunque por un tiempo parece colmar nuestras necesidades,  en el largo plazo retorna nuestra propia sed, el sentimiento de vacío, la frustración de haber entregado nuestra vida a objetivos prestados.

 Creación del Terreno Adecuado para la Herida Relacional

Cuando la herida de identidad se configura, como ya sabemos, perdemos nuestro poder, la conexión con el alma, la frescura y la alegría. Y entonces nos volvemos débiles y por lo tanto altamente susceptibles de recibir o permitir que otras personas nos dañen con facilidad. Me refiero a situaciones del tipo rechazo, abandono, traición, manipulación, etc. Como no somos conscientes ni estamos conectados con nuestro poder interior permitimos que otros nos hieran con facilidad.

Falta de Amor a Sí Mismo

Finalmente, con la instalación de la herida de identidad se aumenta la sensación de ser extraños en  nuestro propio mundo, exiliados del ser, desterrados de nuestro más profundo territorio. Y el resultado de eso es incomodidad, frustración y desamor. En el fondo nos identificamos con algo que no somos nosotros y a lo que es difícil amar. Lo brillamos, lo lustramos, lo embellecemos para que otros lo vean pero no lo amamos realmente porque es postizo y artificial.

Sanación de la Herida de Identidad

La mala noticia es que todos estamos heridos pero la buena es que toda herida, por grave que sea, puede ser sanada cuando encontramos el sentido de su presencia en nuestras vidas y cuando activamos los recursos interiores que necesitamos para el proceso de sanación.

La verdadera y total sanación de todas nuestras enfermedades y heridas interiores es la sanación de la Herida de Identidad. Recuperar la consciencia de ser hacer que desaparezca todo drama y todo sufrimiento en la vida de los seres humanos. Pueden quedar experiencias difíciles, incluso dolor, pero nunca sufrimiento.

No es posible devolverle a un ser humano, externamente, su consciencia de ser. No hay medicina, procedimiento o intervención externa que pueda lograr tal propósito. Sólo cada uno de nosotros y a través de mucho esfuerzo puede irse acercando a experimentar su verdadera identidad. Sólo es posible sanarse a sí mismo, tanto de la herida de identidad como de cualquier otra enfermedad o herida interior que afecte al ser humano. Aunque recibamos ayudas de distinto tipo, únicamente nosotros mismos podemos sanarnos mediante la toma de consciencia de nuestra verdadera naturaleza espiritual y la activación y uso de nuestros recursos interiores desde el Gobierno del Ser.

La Herida de Identidad se cura a través del proceso de recuperar nuestro Ser. Sólo siendo, sólo retornando a nuestra naturaleza esencial podemos corregir el problema de la falsa identidad. La estrategia básica es la autenticidad: dejar de actuar, dejar de hacer las cosas sólo para ser aceptados, es decir, mostrarnos como somos, ser naturales, expresar lo que sentimos, no decirnos mentiras a nosotros mismos ni a los demás.

Salud y Bienestar Interior, Amor y Conexión, Realización y Logro, y Contribución, son los ideales últimos de todos los seres humanos en esta experiencia de vida. Lo que se necesita para sanarse y lograr salud y bienestar es exactamente lo mismo que se necesita para amar y sentirse conectado, para realizarse como persona y para contribuir con el mundo en que vivimos. O sea que desarrollando la capacidad de sanarnos a nosotros mismos aprendemos a la vez el arte de una vida con sentido.

 

 

Fotografía: https://pixabay.com/es/cabeza-cerebro-pensamientos-1965683/

Hernán Darío Blair

Junio 30 de 2017

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