Somos Un Proyecto

Pero además de toda la complejidad y misterio que constituye la anatomía del ser, de ser imagen y semejanza de Dios, por una parte, y de estar rodeados de capas de sombras y de máscaras, por la otra, somos seres inacabados. Hemos dicho a lo largo de estos artículos que el animal ya es, que ya ha llegado a su plenitud, que no necesita modificar sus actitudes y comportamientos.  Pero, contrariamente,  el ser humano es un ser inacabado y por lo tanto un proyecto en sí mismo, un proyecto complejo que cada uno de nosotros debe imperiosamente intentar comprender y gestionar a través de su propia vida.  De hecho, desde esta perspectiva, nuestra vida no es más que la maravillosa oportunidad que tenemos de abordar el proyecto que somos.

Pero, ¿de que tipo de proyecto hablamos? Desde pequeños hemos sido bombardeados por el modelo a desplegar nuestra vida en torno a objetivos de preparación académica, social y profesional, y esto nos ha llevado a un desarrollo incompleto en nuestras vidas. He tenido la oportunidad de compartir con decenas de personas en torno a sus proyectos de vida y encontrar que todos, o casi todos sus contenidos, pertenecen exclusivamente a los dominios del cuerpo, de la mente, de lo social y de lo productivo. De manera simplista hemos asumido y alimentado permanentemente  la creencia fundamental de que nuestro proyecto es prepararnos para triunfar económica y socialmente en la sociedad en la que vivimos. Y a esta preparación y a la consolidación de nuestra riqueza material consagramos años de esfuerzos y una porción muy grande de nuestra energía personal, con el consecuente olvido o menoscabo de infinidad de facetas que hacen parte determinante de la integralidad de nuestras vidas.

Ahora bien, no pretendo disminuir la importancia en la vida de toda persona de su preparación académica, social y profesional. Por supuesto que se trata de objetivos lícitos y totalmente compatibles con un desarrollo  humano integral. El problema aquí, como muchas otras cosas en la vida, es de ausencia de equilibrio, de extremos patológicos, de exclusividades. El error fundamental del esquema imperante es el olvido de nosotros mismos y la preponderancia de objetivos destinados al hacer y al tener por encima de las aspiraciones de ser, de pertenecer y de trascender, que son las verdaderamente determinantes en cuanto a la plenitud humana se refiere.

Porque en el largo plazo el olvido de dichas aspiraciones y dimensiones produce frustración, cansancio, sensación de habernos equivocado en nuestras prioridades, soledad, desconocimiento de nosotros mismos y aún de las personas más cercanas con las cuales convivimos, entre otros factores.

Bronnie Ware es una enfermera australiana que ha dedicado muchos años al cuidado de enfermos terminales y que recogió  sus observaciones acerca de los sentimientos y emociones de estas personas  en sus ultimas semanas de vida. Llevó sus encuentros primero a un blog y luego publicó un libro llamado The Top Five Regrets of the Dying (Los Cinco Principales Remordimientos de los Moribundos) en el cual describe sus hallazgos.  Estos cinco principales remordimientos podríamos colocarlos más o menos en los siguientes términos:

  1. Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida de acuerdo conmigo mismo y no con lo que los otros esperaban de mí.
  2. Deseraría no haber trabajado tanto.
  3. Desearía haber expresado más mis sentimientos.
  4. Desearía haber pasado más tiempo con mis amigos.
  5. Desearía haberme permitido ser más feliz.

Y con insistencia declara que el mayor de todos los remordimientos es el  primero: No haber tenido la fortaleza de vivir la vida a la que fuimos convocados en lugar de vivir la vida del modelo. No habernos hecho cargo de nuestra unicidad y haber escogido definirnos desde las características del sistema en el que vivimos. Habernos olvidado de nuestra propia alma y habernos instalado en los argumentos y objetivos que nos enseñaron.

Por eso, y para evitar el atardecer de nuestra vida marcado por sentimientos de equivocación y frustación es que necesitamos entendernos a nosotros mismos como un proyecto. El proyecto no está afuera, nosotros somos el proyecto.  Somos un proyecto que tiene por fin la manifestación del ser que somos, la realización del potencial encerrado en cada uno de nosotros y la entrega de un servicio al mundo.

Quisiera que el lector prestara atención a estas tres características que he citado del proyecto que somos: manifestar el ser que somos, realizar nuestro potencial y entregar un servicio al mundo. Estos son, sin duda, los objetivos de más alto nivel en la vida de todo ser humano pero con frecuencia altamente desatendidos.

 

Manifestar el Ser que Somos

Manifestar el ser que somos es el proceso de toda una vida de descubrir lo que efectivamente somos y expresarlo. Pero lo que efectivamente somos no es con frecuencia lo que creemos que somos -como tuvimos oportunidad de ahondar en ello en la entrada Los Sustitutos del Ser-. Somos un misterio de insondables profundidades a las que sólo es posible llegar con dedicación, respeto y reverencia, como cuando nos acercamos a lo sagrado. Somos luz, somos sombra, somos máscaras. Somos multiples dimensiones entrelazadas unas en otras. Somos divinidad y humanidad  a la vez. Somos amor y miedo.

Resulta que este proceso de conocernos jamás termina debido a  la complejidad y a la profundidad de la tarea pero a medida que avanzamos somos más dueños de nosotros mismos y menos de las fuerzas externas e internas que intentan sustituir el gobierno del ser.

Y expresarlo es autenticidad. Es dejar de actuar para ser aprobado. Es, simplemente, vivir desde nuestros hallazgos, darnos el permiso de ser, fluir con nuestra propia y verdadera identidad. Manifestar el ser que somos es encontrar nuestro lugar en la totalidad del universo y mudarnos a vivir a ese lugar.

 

Realizar Nuestro Potencial

A pesar de que evidentemente tenemos limitaciones no somos ni siquiera medianamente conscientes de las infinitas posibilidades de las cuales disponemos comos seres humanos. Estamos tan programados a pensar en términos de escasez y recursos limitados que ni siquiera perforamos levemente nuestra mente para percibir lo que podemos hacer con nuestras vidas.

Somos humanos y en muchos sentidos podemos hacer cosas sobrehumanas. Podemos por ejemplo enseñar a nuestras piernas y pies a funcionar como si fueran brazos y manos. Ante la presencia de un accidente o de un defecto de nacimiento un ser humano puede enseñar  a algunos de sus miembros a desempeñar funciones que típicamente son realizadas por otros. Conozco personas que han desarrollado habilidades asombrosas en relación con lo que habitualmente llamamos “sueños” o experiencias oníricas. Hay personas que han educado sus pulmones  para contener la respiración por períodos prolongados de tiempo y/o a grandes profundidades dentro del agua, etc.

Pero a lo que realmente me refiero al hablar de realización del potencial es a la identificación y desarrollo de nuestros propios dones y talentos, que son los recursos por excelencia de los cuales disponemos para ejecutar nuestro proyecto de vida. Si una persona desea vivir la vida que vino a vivir, y no otra, la del modelo, necesariamente tendrá que asumir la tarea de identificar sus propios dones y talentos porque sólo a través de ellos podrá desplegarse y ser él o ella realmente. De lo contrario habrá caído en las redes del modelo que le obliga a desarrollarse de tal o cual manera.

 

Entregar un Servicio al Mundo

He podido constatar, una y otra vez, que cuando un ser humano se encuentra a sí mismo de ese encuentro siempre brota un servicio que entregar. El encuentro personal hace que la persona que lo experimenta reconozca en sí misma una riqueza interior que no puede dejar de ser entregada. Es la riqueza del ser. La abundancia y la plenitud del ser que reclama ser compartida. Por ello, sin lugar a dudas, el mayor y más auténtico servicio que un ser humano puede entregar es ser, manifestar su ser, poner en ejecución sus dones y talentos.

Cuando un ser humano se encuentra consigo mismo el universo entero se beneficia porque hay una persona menos programada por el sistema. Y esa persona, al expresar su ser, contribuye desde su propia esencia con el orden de la existencia. No necesita ningún hacer específico sino tan sólo la expresión de su propio ser. Esta es la grandeza del ser, la exuberancia del ser, la plenitud del ser.

 

No Tengo un Proyecto, Soy el Proyecto

O sea que, en lugar de decir: “Tengo un proyecto de vida” deberíamos decir: “Yo soy mi propio proyecto”, o mejor: “El proyecto soy yo”. Somos un proyecto porque somos seres inacabados, en desarrollo, en continuo aprendizaje. No conozco una sola persona en este mundo que no necesite evolucionar, cambiar, transformarse, aprender algo de sí misma y del mundo que la rodea, expresar sus dones y talentos, servir.

El día en que como colectividad entendamos que nosotros mismos somos el proyecto habremos  dado un paso importantísimo en nuestro proceso evolutivo. Cuando dejemos de mirar afuera, todo el tiempo, y volvamos los ojos y el corazón a nuestras realidades más profundas habremos crecido en consciencia y contribuido grandemente con la paz del mundo. De mi parte espero que la raza humana llegue un día, lejano tal vez, en que aumente su nivel de consciencia acerca de su propia naturaleza espiritual y viva su vida desde este núcleo de consciencia en lugar de hacerlo desde los mandatos de sus sistemas de creencias.

 Hernán Dario Blair

Agosto 10 de 2017

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